Era un día cálido, media tarde, las campanas de la gran catedral sonaban, din don din don, en eso apareció una anciana caminando muy lentamente rodeada de perros, uno de ellos ladraba, giraste tu cabeza y te diste cuenta que había un vendedor de globos, otro de raspados, y uno mas de obleas, completamente del otro lado de la plaza, cruzando la bella y enorme fuente en la que el agua corría dandole paz a ese sitio se encontraba un grupo de 4 niños y 3 niñas jugando y cantando, un poco mas allá en una cafetería, un bohemio músico tocaba la guitarra mientras los comensales, comían, reían, y uno que otro leía algún libro, a tu lado derecho iba pasando un organillero, y atrás de el un señor vestido de negro, tu traías ropa fresca, lentes de sol, una botella de agua, una cámara, un celular, y un sombrero. Observabas y preguntabas que hago hoy aquí, te sentías perdido, aunque estabas cerca de casa, en eso paso una parvada de palomas volando muy bajo y muy cerca de ti, al voltear a verlas te diste cuenta de la cantidad de arboles en el lugar, unos muy frondosos, en una rama, había un nido de pájaros, mas arriba el cielo azul.
Caminaste dos cuadras hacia el sur, con dirección al río, en el camino te encontraste a una mujer embarazada que caminaba presurosa, un perro, dos gatos, una tienda de antigüedades que con la mirada disimulada alcanzaste a ver en su interior una mesa y una lampara de tu agrado, pensaste, mas tarde volveré, seguiste tu paso mas de prisa, casi galopando cual jinete en su caballo, la diferencia tu ibas a pie.
llegaste a la esquina y viste una casa de piedra, unos seis metros de alto, con una gran puerta de madera, te acercaste y tocaste nerviosamente el timbre, era de esos que con una manija metálica, los tomas con tu mano y le das 3 o 4 golpes a otra parte metálica en la puerta, era de color negro, tardaron en abrir, al cabo de un rato salió un señor de unos 55 años, alto, pantalón, camisa, chaleco, sombrero y bigote, te comento que no estaba a quien tu buscabas, con cara de pánico lo volteaste a ver, diste dos pasos para atrás, con tu mano en tu pecho, sentías el palpitar de tu corazón, murmuraste en tono muy bajo un nervioso gracias, al tiempo que salías corriendo del lugar.
Llegaste a la primera esquina te frenaste intempestivamente, al tiempo que mirabas para todos lados, cruzaste la calle, aunque al final doblaste hacia la derecha, caminaste lentamente, te reíste al ver a unos niños pasar caminando justo en contrasentido tuyo, te acordaste en ese momento de tu infancia, de cuando tenias esos 8 o 9 años y jugabas con tus amigos en la calle, como andabas en bicicleta, y siempre les ganabas a todos en esa carrera, te acordaste de tantas cosas que hacías, de tus travesuras, de tus caras, de como tus problemas no eran mas que una baja calificación, que tu mama te regañara por no hacer la tarea o por no comer, cosas de esas, y en ese momento dijiste, después de dar un largo suspiro, para que preocuparme por algo que no esta en mis manos, y dejaste fluir, se te olvido a que ibas, y que y a quien buscabas, regresaste a la plaza y disfrutaste la tarde mientras te disfrutabas a ti mismo, te diste cuenta de que todo pasa por algo y que ese día estabas ahí, fuiste tu mismo, soñaste, cantaste, gritaste, te reíste nuevamente y te diste cuenta que muchas veces se te olvida... se te olvida ver por ti, sentir, gozar, pensar solo en ti.
Ahora dime ¿Qué vas a hacer hoy para darte ese tiempo que tu mismo te estas requiriendo?
@JMNEGRETEM
Me parece muy buena tu entrada, a veces, nos vemos envueltos en la rutina, y por instantes (porque la vida es eso, un instante) nos olvidamos de nosotros mismos.
ResponderEliminarTal vez disfrutar un helado, reír a carcajadas, o el puro y delicioso hecho de escuchar tu respiración.
Te felicito porque es un extraordinario sueño, y a veces no nos damos cuenta que hay más cosas allá afuera.
Saludos
@LuisHuacuja